AFI destaca el valor de los manglares para la biodiversidad y las comunidades en la segunda versión del encuentro “Cuando Habla el Manglar"

Birdlife - Infraestructura verde segura para aves – Ruta migratoria

Las experiencias de Barranquilla, Bolívar y el Golfo de Urabá mostraron cómo la conservación y restauración de los manglares pueden proteger la biodiversidad, fortalecer la resiliencia costera y generar oportunidades de desarrollo para las comunidades.

En el marco del II Encuentro “Cuando Habla el Manglar”, organizado por Gobernación de Bolívar, Cardique y la CAF, realizado el pasado 23 y 24 de julio en el Palacio de la Proclamación de Cartagena de Indias, Santiago Aparicio, director AFI, moderó el panel técnico “Manglares, refugio de vida y sustento para las comunidades”.

La esión reunió a Humberto Baranoa, director técnico de Turismo de ICULTUR; Joaquín Buitrago, director de Barranquilla Verde, Diana Beatriz Andrade Gamboa, profesional de la Secretaría de Ambiente de la Gobernación de Antioquia; y Camilo Cardozo, director para Colombia de Audubon.

A partir de experiencias desarrolladas en la Ciénaga de Mallorquín, el departamento de Bolívar y el Golfo de Urabá, los panelistas analizaron cómo la conservación, la restauración y el uso sostenible de los manglares pueden integrarse en la planificación territorial, la inversión pública y las estrategias de desarrollo local.

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Mucho más que una barrera natural

Los manglares se encuentran entre los ecosistemas más valiosos para las zonas costeras. Además de ofrecer refugio y alimento a numerosas especies, ayudan a reducir la erosión, amortiguan el impacto de inundaciones y tormentas y sostienen actividades como la pesca y el turismo.

A escala global, se estima que los manglares evitan cada año más de USD 65.000 millones en daños a propiedades y reducen el riesgo de inundación para alrededor de 15 millones de personas. Estas cifras muestran que conservarlos no es únicamente una decisión ambiental: también es una inversión en seguridad, infraestructura, economías locales y bienestar.

Para las aves migratorias, los manglares también cumplen una función esencial. Son parte de una red de humedales, estuarios y ecosistemas costeros que utilizan para descansar y alimentarse durante sus recorridos por el continente. Proteger uno de estos lugares contribuye, por tanto, a conservar una red que se extiende mucho más allá de sus límites geográficos.

“Las aves migratorias nos ayudan a entender que los manglares no son ecosistemas aislados, sino parte de una red que conecta a las Américas. Protegerlos también puede abrir oportunidades de desarrollo local cuando la conservación se construye con las comunidades y se integra en la planificación del territorio”.

Santiago Aparicio, Director de AFI

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Tres experiencias desde los territorios

Durante el panel se analizaron distintas maneras de convertir la conservación de los manglares en decisiones de desarrollo territorial. La recuperación de la Ciénaga de Mallorquín sirvió para discutir cómo un proceso, inicialmente centrado en la restauración de un manglar y de un humedal costero, puede integrarse en una estrategia más amplia de ciudad. Camilo Cardozo, director para Colombia de Audubon, y Joaquín Buitrago, director de Barranquilla Verde de la Alcaldía de Barranquilla, explicaron cómo este caso ha permitido conectar la protección de la biodiversidad con la educación ambiental, el turismo de naturaleza y una nueva relación de los habitantes de Barranquilla con este ecosistema.

La conversación luego avanzó hacia el potencial de la biodiversidad para generar oportunidades económicas. Humberto Barona, director técnico de Turismo de ICULTUR, presentó la iniciativa de aviturismo que se formula en Bolívar en el marco de AFI, con la que se busca mejorar la gestión de aproximadamente 15.000 hectáreas en 15 municipios. La propuesta parte de la conservación de las aves, los manglares y el bosque seco tropical para fortalecer las capacidades locales, diversificar los ingresos y posicionar al departamento en el mercado del turismo sostenible.

El papel de las comunidades fue otro de los temas centrales. Desde la experiencia del Golfo de Urabá, Diana Beatriz Andrade Gamboa, profesional de la Secretaría de Ambiente de la Gobernación de Antioquia, compartió los aprendizajes de un proceso de restauración construido con quienes viven y dependen directamente del manglar. Desde 2024, las intervenciones han alcanzado 78 hectáreas e incluyen la siembra de alrededor de 2.600 plántulas en el Distrito de Turbo, contribuyendo a la recuperación de áreas degradadas y a la reducción de los efectos de la erosión costera. Según mencionó, ha visto a miembros de las comunidades pasar de vivir de la tala del manglar a vivir de su conservación. 

Aunque parten de contextos diferentes, las tres experiencias comparten una idea: la conservación puede generar mejores resultados cuando responde a las prioridades del territorio y cuenta con la participación de quienes viven y dependen de estos ecosistemas.

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Del aprendizaje local a una agenda regional

Llevar estas experiencias a una escala mayor no significa reproducir un mismo modelo en todos los territorios. Implica crear las condiciones para adaptar sus aprendizajes a cada contexto: fortalecer las capacidades locales, involucrar a las comunidades, incorporar el conocimiento científico y local, coordinar a las instituciones y asegurar recursos que den continuidad a los procesos.

Para AFI, esta perspectiva regional es especialmente importante. Las aves migratorias muestran que los manglares no funcionan como ecosistemas aislados, sino como parte de una red natural que conecta distintos puntos del continente. Cada acción de conservación o restauración a escala local contribuye a sostener un sistema interconectado.

La conversación en Cartagena dejó un mensaje claro: proteger los manglares requiere que su valor para la biodiversidad, la resiliencia costera y las comunidades se refleje en las decisiones de inversión y planificación territorial. Solo así será posible pasar de proyectos puntuales a procesos duraderos que fortalezcan tanto los ecosistemas como las oportunidades de quienes dependen de ellos.

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