Aves y clima: la Americas Flyways Initiative lideró la conversación en Climate Week Medellín
¿Qué nos están diciendo las aves sobre un planeta que cambia rápidamente? En Climate Week Medellín 2026, la Americas Flyways Initiative (AFI) reunió voces de la ciencia, la conservación y el financiamiento para conectar esas señales con soluciones concretas para los territorios.
Hace 66 millones de años, el impacto de un asteroide desencadenó una extinción masiva que transformó para siempre la vida en la Tierra. Los dinosaurios desaparecieron, pero su linaje logró sobrevivir: las aves
Esa historia de supervivencia frente a un planeta en transformación sirvió como punto de partida para el panel “Aves y Clima: lo que los descendientes de los dinosaurios nos enseñan sobre la urgencia climática”, realizado el 29 de septiembre durante Climate Week Medellín 2026.
El encuentro reunió a Angélica Díaz, investigadora del Instituto Humboldt; Ana María Castaño, directora de la Sociedad Antioqueña de Ornitología (SAO); e Ignacio Lorenzo, director de Asesoramiento Técnico en Biodiversidad y Clima de CAF. La conversación fue moderada por Santiago Aparicio, director de la Americas Flyways Initiative (AFI).
El panel tuvo lugar en una edición especialmente significativa: Climate Week llegó por primera vez a Medellín y a América Latina. Su llegada a la región representó una oportunidad para situar en el centro de la conversación climática internacional las realidades de la región con mayor diversidad biológica del planeta y, al mismo tiempo, una de las más vulnerables a los impactos del cambio climático. Su llegada también permitió dar mayor visibilidad a las soluciones que están surgiendo desde los propios territorios.
A lo largo del panel, los participantes abordaron una pregunta central: ¿qué nos están diciendo las aves sobre el cambio climático y cómo puede esa evidencia convertirse en acciones concretas?
El intercambio conectó ciencia, conservación y financiamiento, poniendo sobre la mesa tanto las señales que ya se observan en las poblaciones de aves como las respuestas que pueden impulsarse desde los territorios. Uno de los principales mensajes fue precisamente que las aves ofrecen una ventana especialmente clara para observar las transformaciones que están ocurriendo en los ecosistemas.
Los cambios en las temperaturas, las lluvias y las estaciones pueden modificar la disponibilidad de alimento, desplazar hábitats adecuados y alterar los momentos en que las especies migran o se reproducen. Por eso, seguir de cerca lo que ocurre con las aves no solo permite entender mejor su estado de conservación, sino también detectar cambios más amplios en la salud y el funcionamiento de los ecosistemas.
En el caso de las aves migratorias, el desafío adquiere una dimensión especialmente compleja porque su supervivencia depende de la conectividad entre múltiples ecosistemas a lo largo de rutas que pueden extenderse por miles de kilómetros y atravesar varios países. Las áreas de reproducción, descanso, alimentación e invernada funcionan como partes de una misma red: si uno de esos sitios se degrada, desaparece o deja de ofrecer las condiciones necesarias, las consecuencias pueden sentirse a lo largo de todo el ciclo migratorio. Proteger a estas especies, por tanto, implica conservar no solo lugares individuales, sino también la conexión ecológica entre ellos.
La magnitud del reto es cada vez más evidente. Un reciente análisis de BirdLife International encontró que el 45 % de las especies de aves migratorias a nivel mundial está en declive, mientras que 200 especies migratorias, una de cada nueve, se encuentran amenazadas de extinción.
Desde la perspectiva científica, Angélica Díaz abordó cómo el monitoreo de las aves y sus hábitats puede ayudar a identificar tendencias y transformaciones asociadas al cambio climático, y a entender mejor cómo están respondiendo las especies a nuevas condiciones ambientales. Su participación incluyó además un breve espacio de sensibilización, acompañado por sonidos del banco sonoro del Instituto Humboldt, para acercar al público al mundo de las aves y reforzar la importancia de su conservación.
Esa capacidad de las aves para reflejar cambios en los ecosistemas permite llevar la evidencia científica al territorio. Sus variaciones en abundancia, distribución, movimientos o comportamiento pueden ofrecer señales sobre transformaciones que también están afectando bosques, humedales, costas y otros hábitats.
Ana María Castaño llevó esa mirada al contexto de Antioquia, poniendo el foco en cómo los cambios ambientales se están expresando en las aves, sus movimientos y sus hábitats, así como en las oportunidades para vincular su conservación con iniciativas como el aviturismo y el turismo de naturaleza.
Al generar oportunidades económicas para guías, emprendimientos y comunidades locales, el aviturismo puede contribuir a que la protección de bosques, humedales y otros ecosistemas se convierta también en una oportunidad para el desarrollo del territorio. Por eso AFI, una alianza entre BirdLife International, CAF y National Audubon Society, explora oportunidades para apoyar iniciativas que conecten el aviturismo con la protección y recuperación de hábitats clave para las aves en el departamento de Antioquia.
Este tipo de enfoques, que buscan generar beneficios para la biodiversidad, el clima y las comunidades, responden a una visión cada vez más presente en la agenda ambiental internacional: la necesidad de abordar de manera integrada las distintas crisis que afectan al planeta.
Durante la reciente 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, un diálogo ministerial de alto nivel volvió a situar en el centro del debate la llamada triple crisis planetaria: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación.
En Medellín, esa interconexión se llevó al terreno de las aves: responder a su declive implica actuar también sobre los ecosistemas de los que dependen y sobre las decisiones de desarrollo que pueden contribuir a conservarlos o transformarlos.
De la ciencia al financiamiento
Otro de los ejes centrales del panel fue cómo transformar la evidencia científica en decisiones de inversión. Esa conexión es especialmente urgente frente a una brecha global de financiamiento para biodiversidad estimada en alrededor de US$942.000 millones al año, que limita la capacidad de llevar a escala proyectos de conservación, restauración y soluciones basadas en la naturaleza.
En ese contexto, Ignacio Lorenzo puso el foco en la necesidad de traducir las prioridades de conservación en proyectos capaces de atraer inversión y alcanzar una mayor escala. Esto implica incorporar criterios de biodiversidad desde las primeras etapas de planificación, identificar oportunidades concretas de inversión y demostrar que proteger y restaurar ecosistemas puede formar parte de las decisiones de desarrollo e infraestructura, y no tratarse como una consideración separada.
Después de sobrevivir a una de las mayores extinciones de la historia del planeta, los descendientes de los dinosaurios siguen ofreciendo pistas sobre cómo está cambiando el mundo. En Medellín, la invitación fue a aprender a leer esas señales y, sobre todo, a convertirlas en acción a partir de una idea central: hablar de aves es también hablar de clima.
Los cambios en sus poblaciones, movimientos y hábitats reflejan transformaciones más amplias en los ecosistemas de un planeta que se calienta. Comprender lo que ocurre con las aves permite, al mismo tiempo, entender mejor cómo están cambiando los ecosistemas de los que dependen tanto la naturaleza como las personas.